El fin de un ciclo.

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Cada cuento tiene su final, y el taller en que creci como escritor y como ser humano llego a su fin, después de 2 años he aquí el vástago de un maestro, un monitor y ventitantos talleristas.

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Tenía que ser

Todos los días, 24 horas

Cada segundo, somos, somos…

 Y se diría que por ser caleño, de Santiago de Cali (para evitar enredos futbolísticos) tendría que  ser amante de la feria, con la salsa que ensalsa entre colores variopintos, el salsódromo, rumbodromo, desfile de carros viejos y cabalgata deberían estar en mis palabras más pronunciadas. Tendría que ser hincha furibundo de algún equipo de mi ciudad, mi portátil por regla debería tener salsa a estallar. Todas las tardes tendría que comprar pandebono para comer con un buen café (cosa que hago), no me debería molestar el olor del chontaduro, la manga y la grosella, y no debería tener miedo a que un niño me manchara la ropa con chontaduro en estas latas que llaman Mio. Tendría que saber y conocer sobre la maceta de alfeñique que tradicionalmente se entregan en el día de los ahijados (cosa que sé), cada súper concierto (gracias Laura por acordarme) tendría que estar en primera fila saltando, bailando y gozando (¿y acaso solo se goza de esta manera?) con el timbal y la clave de algunos de estos superstar), la barra Poker debería ser mi primera opción, el calor humano que se respira al tratar de entrar tendría que ser mi perfume para toda la noche, pero no, no es así.

Si soy caleño, y muy orgulloso, pero nunca cuadré en el imaginario colectivo del caleño promedio, encuentro otras formas de expresar y gozar  más que solo el baile, quizás por ello soy un bailarín regular, siempre he encontrado el brillo en las cosas que nadie o pocos voltean a mirar, no parezco caleño, si ser caleño es sinónimo de todo lo anterior, como que el orden de sus factores no altera el resultado, nunca me gusto las formulas, por ello trate de armar mía, ya responderá usted si el resultado fue un caleño.

Usted mi estimado lector ya le habrán pasado varias imágenes mentales (de esas que uno se imagina cuando le hablan de algo)  al tocar el orden de los factores, pero el orden como decíamos no importa en la formula.

La cabalgata que debería ser una suerte de exposición equina móvil donde ellos, los caballos fueran los protagonistas, y no traquetos y producidas a punta de silicona, una feria taurina donde el arte del toreo no fuera ensuciado con la sangre de lidia, si me deja me explico, que pasará con todas esas palabras de este oficio como: monosabio*, burladero* o talequilla*, palabras que conforman nuestro hermoso idioma, y que desaparecerían si se esfuma el toreo, así una parte de nosotros moriría, ¿por qué no un toreo sin sangre?. Porque llamarlo salsódromo, acaso Cali tiene solo este modo de cultura para comunicar, yo no sé, pero yo veo muchísimos más, por qué no involucrar todas las expresiones artísticas. Y así podríamos seguir pero se me hace largo.

Y al terminar todos somos sometidos a cierta presión social (no oficial) donde se te termina obligando mañosamente a etiquetarse con todos estos eventos, “¡si no vas ve, no sos caleño oistes!”,  yo no sé usted pero yo mejor me amaño mi formula.

 

Monosabio*: asistente del picador

Burladero*: barrera para guarecerse del toro

Talequilla*: pantalón del torero

La pesca milagrosa

Recuerdos

La bobina* del carrete” subía y bajaba mientras el sol buscaba su camino hacia el cenit. De la pesca o el acto de pescar se dice en el diccionario lo siguiente: “Sacar o tratar de sacar del agua peces y otros animales útiles al hombre”, de entrada tienen la razón los honorables viejesitos de la RAE.

Bajamos del automóvil tratando de hacer lo humanamente posible para recordar que el sol no estaba como dicen en Cúcuta ¡arrecho!, varas de pesca en mano y cervezas en la otra nos adentramos un domingo en un lago de pesca casi vacío. Comenzando con el ritual ancestral de ir a por la comida viva, de pie y con el buen ánimo que exige la pesca, desplegamos todos los artilugios de la misma, con paciencia y con ciertos tipos de nudos secretos armamos la vara, el carretel*, la línea*, la plomada* y el anzuelo, y con cuidado pusimos la carnada. Miré hacia la derecha antes de alistar la vara para hacer el lanzamiento levantando antes el pick-up*, a esa altura algunos “vecinos” (como se le dice a la gente que pesca cerca de uno) comenzaban a llegar.

Nos sentamos en las bancas, puse la vara recostada en mi pierna atento a cualquier jalón del nylon, al lado un vecino con ese modo paternal (rudo, firme pero con cariño) aplicaba bloqueador solar a sus hijos mientras los mismos jugaban con las varas, me limpie el ojo, una lagrima se escapaba. Mire mi nylon, algunos leves tirones me delataban que eran algún pez jodiendo con la carnada. La típica charla entre hombres se esparcía entre mi padre, mi abuelo y algunos “vecinos”, cambie la canción que sonaba en mi celular, abrí otra cerveza y note que un hermoso Martin pescador aterrizaba en el arbusto cercano mí, elegante e imponente (pese a su tamaño) observaba el lago. Pero el ave no me trajo suerte, ya era el tercer pez que estando yo a punto de sacar de la orilla por alguna razón, el nylon se rompía y el pez lograba escapar. Mire al niño que destruía un hormiguero ínterin su hermano algo mayor pescaba, ¡no con una vara!, si no con una botella de gaseosa como en un pasado no tan cercano yo lo hacía de la misma manera, una botella de gaseosa de vidrio con un nylon amarrado, una plomada y un anzuelo.

Mire mi línea, ella bailaba entre las anillas de mi vara al son en que embobinaba el nylon, observe hacia la derecha, una pequeña negrita expiaba el tarro donde echábamos los peces, y al no ver nada hacía mala cara y seguía mirando los demás tarros de los otros “vecinos”, quizás constatando que tan buena era su madre, que en otras pescaba con un palo de guadua, (esto es Colombia)

Otro pez se me escapaba del anzuelo, no importaba que tipo de carnada pusiese: quenele (concentrado para pez) carne, maza o lombriz, tenía mala racha, pero no me angustiaba, alistaba la vara y volvía a realizar otro lanzamiento al lago.

―¡esto es vida, esto es la vida! ―decía un “vecino” aciano hablando con nosotros

―¿o ustedes se acuerdan de algún problema estando aquí?―decía él animado.

Tenía la razón, el ritual vetusto de ir por la pieza de caza tiene ese no sé qué, podría atreverme a decir que es una especie de efecto de pesca milagrosa, es una especie de caza de recuerdos, un momento idílico, donde los recuerdos de la infancia llegan transportados por el anzuelo del reflejo.

Y al fin regresamos a la casa con solo un pescado, pero con muchos recuerdos revividos, y con el “niño interior” renovado.

*bobina: parte del carrete que gira para enrollar el nylon.

*carrete: parte de la vara que enrolla el nylon.

*la línea: segmento de nylon que va desde la vara hasta el anzuelo.

*plomada: pedazo de plomo que hace que el anzuelo y la carnada no queden flotando en el agua.

*Pick-up: parte del carretel que enrolla o permite alargar el nylon por medio de una manivela.

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El nuevo campo de batalla

Competencias

“Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo.

Conoce el terreno y el clima”

Sun tzu

 

Algo dicho hace más de dos mil años no pierde vigencia, dicen que todo cambia, pero le diré algo, yo creo que no, el “terreno” (las empresas)  no ha cambiado, el clima fundamentalmente  no ha cambiado, nosotros básicamente no hemos cambiado, por esto las vetustas palabras de Sun Tzu no pierden vigencia, podrán cambiar definiciones, cuestiones técnicas, pero  en el fondo el humano es y hace lo mismo, batallar por su supervivencia.

A esta altura usted se preguntará de que me habla este tipo, ya le contextualizo. En el contexto laboral dejamos de lado las espadas y ballestas y asimos las competencias como armas en el trabajo, plagado de exigencias  y circunstancias que demandan alguna competencia en particular, las reglas son las mismas, pero ahora no se hablamos de armas si no de competencias, la palabra de boga.

Pero si me preguntan que pienso de la palabra competencia, diré cosas peyorativas, otro método más para tratar de que todos encajemos en el mismo molde, y de paso fastidiarle la vida a los jóvenes ilusionados y recién graduados,  por otro lado evitar recibir tanta hoja de vida infundiendo el pánico, dejando de lado al ser humano e insertándolo en un proceso deshumanizador,  pero eso es lo que hay, tendremos que jugar con lo que haya.

Desde el colegio mi generación viene oyendo en las bocas de los profesores la palabra competencia,  en esos días esta era solo otra más como pedagogía, dejando el pasado no tan cercano veo que el mundo en el cual estaré a punto de inscribirme pide a gritos competencias, pero no hay que asustarse, es solo una palabra que representa las armas que cada ser vivo tiene arraigado en su interior, así como a hormiga que siempre encuentra resguardo,  el gorrión que defiende su nido y el tigre que merodea en las selvas del Sumatra, usted tiene eso que ahora llaman competencias.

 

El mundo laboral es un campo de batalla donde debemos saber que armas (competencias) tenemos a la mano para poder adentrarnos en las líneas del “enemigo” (empresa), si nos hace falta alguna solo es cuestión de encontrarla y sujetarla para poder abrir una brecha en la empresa, entrar y quedarse con el puesto, por esto su importancia, es cuestión de “vida o muerte”, la buena noticia es que todos las tenemos.

Pdta: a mis conocidos que están cazando una práctica o están comiéndosela.