Tenía que ser

Todos los días, 24 horas

Cada segundo, somos, somos…

 Y se diría que por ser caleño, de Santiago de Cali (para evitar enredos futbolísticos) tendría que  ser amante de la feria, con la salsa que ensalsa entre colores variopintos, el salsódromo, rumbodromo, desfile de carros viejos y cabalgata deberían estar en mis palabras más pronunciadas. Tendría que ser hincha furibundo de algún equipo de mi ciudad, mi portátil por regla debería tener salsa a estallar. Todas las tardes tendría que comprar pandebono para comer con un buen café (cosa que hago), no me debería molestar el olor del chontaduro, la manga y la grosella, y no debería tener miedo a que un niño me manchara la ropa con chontaduro en estas latas que llaman Mio. Tendría que saber y conocer sobre la maceta de alfeñique que tradicionalmente se entregan en el día de los ahijados (cosa que sé), cada súper concierto (gracias Laura por acordarme) tendría que estar en primera fila saltando, bailando y gozando (¿y acaso solo se goza de esta manera?) con el timbal y la clave de algunos de estos superstar), la barra Poker debería ser mi primera opción, el calor humano que se respira al tratar de entrar tendría que ser mi perfume para toda la noche, pero no, no es así.

Si soy caleño, y muy orgulloso, pero nunca cuadré en el imaginario colectivo del caleño promedio, encuentro otras formas de expresar y gozar  más que solo el baile, quizás por ello soy un bailarín regular, siempre he encontrado el brillo en las cosas que nadie o pocos voltean a mirar, no parezco caleño, si ser caleño es sinónimo de todo lo anterior, como que el orden de sus factores no altera el resultado, nunca me gusto las formulas, por ello trate de armar mía, ya responderá usted si el resultado fue un caleño.

Usted mi estimado lector ya le habrán pasado varias imágenes mentales (de esas que uno se imagina cuando le hablan de algo)  al tocar el orden de los factores, pero el orden como decíamos no importa en la formula.

La cabalgata que debería ser una suerte de exposición equina móvil donde ellos, los caballos fueran los protagonistas, y no traquetos y producidas a punta de silicona, una feria taurina donde el arte del toreo no fuera ensuciado con la sangre de lidia, si me deja me explico, que pasará con todas esas palabras de este oficio como: monosabio*, burladero* o talequilla*, palabras que conforman nuestro hermoso idioma, y que desaparecerían si se esfuma el toreo, así una parte de nosotros moriría, ¿por qué no un toreo sin sangre?. Porque llamarlo salsódromo, acaso Cali tiene solo este modo de cultura para comunicar, yo no sé, pero yo veo muchísimos más, por qué no involucrar todas las expresiones artísticas. Y así podríamos seguir pero se me hace largo.

Y al terminar todos somos sometidos a cierta presión social (no oficial) donde se te termina obligando mañosamente a etiquetarse con todos estos eventos, “¡si no vas ve, no sos caleño oistes!”,  yo no sé usted pero yo mejor me amaño mi formula.

 

Monosabio*: asistente del picador

Burladero*: barrera para guarecerse del toro

Talequilla*: pantalón del torero

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