Tinta Roja

(intento de Crónica)

 ―Olle Fernando tócate una ―decía un hombre curtido en barro y algo de maraña mientras trataba de limpiar su arcabuz* haciéndole cara de mala pinta al mismo.

―¡quien coños tiene mi Laúd! ―respondió el aludido.

―!Hala! esos estacones no se cortarán solos, Diez, ándate con 3 y córtalos cagando leches ―gritaba un hombre a caballo pisando con su montura cuerpos destrozados por las balas de los arcabuces, hombres, ancianos, niños y mujeres.

Como si se tratará de un desfile monótono me enfile hacia la pequeña tolda improvisada a modo de tienda de campaña, pues hago parte de la segunda expedición a esta tierra miserable plagada de plantas y más plantas, y por supuesto aborígenes, dentro de mis actividades esta el registrar gráficamente con ilustraciones paisajes, animales y a cuanto salvaje se me cruza en el camino para su excelencia el rey Felipe I.

―¡ajayyyy! he puesto mi corazón en manos de la mora, viento en la cara mira como baila la mora ―Fernando deslizaba sus gruesos dedos de alabardero* mágicamente por las delgadas cuerdas del laúd entretanto entonaba.

Otro invadido todavía por la ira de la anterior escaramuza remataba con su espada a cuanto indio moribundo o vivo se le topara en sus botas ya rojas, paro, me miro cuando remataba a su último  cadáver y se enfilo hacia mi ―¡he! Tu no estabas lloriqueando el otro día por tinta, pues mira, te he llenado un embace para tus dibujitos ―y me paso de golpe un frasco de vidrio con tinta roja, de ese rojo que corre por sus venas y las mías.

―¡ella mueva sus caderas¡ al ritmo de las castañuelas, infeliz por poner mi corazón en manos de la gitana mora ―proseguía Fernando.

―chaval, pasadle brillo a esa coraza, el casco tiene que estar más inmaculado que la concha de tu madre o ya le responderás al capitán González, ¿Qué esperas? Despabila copón  ―escupía una orden un viejo barrigón hasta el cuello de miseria.

Asqueado de cadáveres decidí por jugar un rato con el único ser inocente de la expedición, la Guapa, una mastín enorme que jugaba con migo sin el menor reparo buscando cualquier palo que le tirara, como el caballo que busca amparo en las calidas manos de su jinete, ni toda la cochinada del alrededor me hace perder el sosiego de la compañía de una animal.

―¡Cuidao con esas manos artista!, la Guapa ya se ha cargado a doce salvaje, yo de tú me andaba con celo, de pronto se le confunde tu brazo con un palo de esos que le avientas jajaja.

Joputa el muy cabroncete, y más la puta que pario la guerra, perdonará usted mi lenguaje en estas últimas líneas de esta escuálida crónica, pero sabrá usted que ante tanta miseria el recatamiento y las buenas costumbres se pierden o más bien aparecen en pocos momentos. Perdone,  acortaré las palabras ya que la tinta se acaba, pues mi humanidad no alcanza para utilizar esa tinta roja, pero lo callaré, pues quizás otro “más humano” sea capaz de ello.

Arcabuz: escopeta antigua

Alabardero: soldado que maneja lanza

Mastín: raza de perro que da miedo.

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Temas lapidarios

Me vale una….. si lee esto y piensa que soy un idiota

 

En una de esas tardes conversaba con una amiga* de esos temas tan lapidarios, de esos que la gente trata de evitar a pesar de ser tan intrínsecamente humanos, del diario vivir, de esas reglas o leyes pendejas no oficiales que usted conoce muy bien y que por dios sabe que nosotros los humanos tratamos de no mencionar, quízas por lo mezquino de las mismas, no sabría decirle. Y al fin si usted me conoce sabrá que prefiero quedar mal antes de callarme lo que pienso.

Con ella platicaba no sin notar un rubor en sus mejillas por la naturaleza del tema, como si le avergonzará hablar y delatar su humanidad, la comprendía, ya a mis recién 28 años entiendo que es mejor pasar sonrojado un segundo que pálido toda la vida.

Si, la obligue a hablar del tema, no con un cuchillo, si no con el argumento disfrazado de anécdotas sigilosas, pues sé muy bien que la gente le huye a estos temas.

Que pasa con esa persona con delirio de superstar que se hace notar y llamar como tema de conversación cuando llega tarde a cualquier reunión social, este que siempre llega con una sonrisa bien ensayada, como su llegada tarde bien cronometrada, este que reza: “el rey se hace esperar”, así de esta manera se impone subiendo de estatus, no se usted pero yo con esa gente no encajo, gente que llama la atención de manera irrespetuosa, si no respeta tu tiempo, no te respeta.

 

Han dicho “si no baila bien no es bueno en la cama”, si esto fuera así en toda Norteamérica, Europa y Asia no habría un buen polvo, personalmente puedo decir que he tenido muy buenas noches con mujeres que de baile 0.

 

Este sujeto que te sonríe todo el día, con ese carisma impulsado por una inteligencia superficial, tan superficial como sus actos hacia ti, ese que una vez al año te invita algún lugar o te muestra cortesía con un presente, y se muestra alegre de tenerte entre sus incontables idiotas útiles, “a propósito ¿os habéis dado cuenta? las personas más siniestras suelen ser las más corteses”* yo no sé usted pero yo a las víboras me gusta tenerlas en el serpentario.

 

 

¡Viejito! Me dijo una vez una mujer (quizás porque nunca le sonreí), preferí no decirle que yo no sonrió porque sí, o por presiones sociales, yo le sonrió al que dibuja una sonrisa en mí cara, no me gusta la persona de sonrisa falsa, prefiero al que me sonríe poco pero de corazón.

 

Esa persona que hace recurso del viejo truco del “hágase desear” aquel individuo que fríamente intenta tener al pobre desprevenido como uno más de sus idiotas utilizándolos a su antojo, burlándose viéndolos bailar a su ritmo. Nadie con tres neurona se enamora de otro por maltrato, la gente simplemente lo hace, y al contrarío de sentirse atraído por el supuesto deseo,  poco a poco desgasta ese “no sé qué” que le vio a ese ser cuando lo vio ahí parado por primera vez.

 

Está en su naturaleza y la mía, el hombre se siente atraído las mujeres con senos grandes pues genéticamente entiende que podrá amamantar bien a su descendencia, una mujer con caderas, cola y piernas grandes podrá parir varias veces, algo inscrito en el ADN masculino. La mujer busca al macho con una buena posición social, sin importarle que tan feo o idiota sea este, pues prefiere la estabilidad económica para brindar buen resguardo a sus crías (o si no mire la farándula criolla) Yo no sé usted pero yo no prefiero practicar estos preceptos cavernícolas, llámenme romántico o cursi, pero prefiero cualquier tipo de relación alejada de cualquier interés.

Ese concejero que siempre usted tiene a su lado, el que siempre le dice directa o indirectamente que Tiene que hacer, que mañosamente se lo hace saber, especialmente cuando se trata de una opinión sobre una persona. Antes de formar juicios sobre una persona, observa el piso en que se paran los argumentos, por muy verosímiles* y prestantes que sean a ti, nadie sabe que intenciones y rencores mueven la lengua de su concejero.

 

La primera impresión es la que cuenta, los primeros 30 segundos cuando  conoces una persona te dirá quién es. Hay personas que provocan una muy buena impresión pero deseccionan a la segunda, por otro lado, hay personas que te sorprenderán gratamente tras una quinta impresión, personalmente me sería muy triste que sus primeras impresiones sobre mi fuera las correcta.

 

Y así podría seguir con esta serie de leyes no oficiales, pero prefiero que usted se acuerde de otras más y vea lo idiotas que son estas pendejadas. Haga lo que quiera lo más rápido posible, porque muy posiblemente cuando pase el tiempo y se anime ya no podrá hacerlo.

 

*amigo: ese hermano elegido

*Michael Clynes.

*verosímiles: que parecen creibles.