La pesca milagrosa

Recuerdos

La bobina* del carrete” subía y bajaba mientras el sol buscaba su camino hacia el cenit. De la pesca o el acto de pescar se dice en el diccionario lo siguiente: “Sacar o tratar de sacar del agua peces y otros animales útiles al hombre”, de entrada tienen la razón los honorables viejesitos de la RAE.

Bajamos del automóvil tratando de hacer lo humanamente posible para recordar que el sol no estaba como dicen en Cúcuta ¡arrecho!, varas de pesca en mano y cervezas en la otra nos adentramos un domingo en un lago de pesca casi vacío. Comenzando con el ritual ancestral de ir a por la comida viva, de pie y con el buen ánimo que exige la pesca, desplegamos todos los artilugios de la misma, con paciencia y con ciertos tipos de nudos secretos armamos la vara, el carretel*, la línea*, la plomada* y el anzuelo, y con cuidado pusimos la carnada. Miré hacia la derecha antes de alistar la vara para hacer el lanzamiento levantando antes el pick-up*, a esa altura algunos “vecinos” (como se le dice a la gente que pesca cerca de uno) comenzaban a llegar.

Nos sentamos en las bancas, puse la vara recostada en mi pierna atento a cualquier jalón del nylon, al lado un vecino con ese modo paternal (rudo, firme pero con cariño) aplicaba bloqueador solar a sus hijos mientras los mismos jugaban con las varas, me limpie el ojo, una lagrima se escapaba. Mire mi nylon, algunos leves tirones me delataban que eran algún pez jodiendo con la carnada. La típica charla entre hombres se esparcía entre mi padre, mi abuelo y algunos “vecinos”, cambie la canción que sonaba en mi celular, abrí otra cerveza y note que un hermoso Martin pescador aterrizaba en el arbusto cercano mí, elegante e imponente (pese a su tamaño) observaba el lago. Pero el ave no me trajo suerte, ya era el tercer pez que estando yo a punto de sacar de la orilla por alguna razón, el nylon se rompía y el pez lograba escapar. Mire al niño que destruía un hormiguero ínterin su hermano algo mayor pescaba, ¡no con una vara!, si no con una botella de gaseosa como en un pasado no tan cercano yo lo hacía de la misma manera, una botella de gaseosa de vidrio con un nylon amarrado, una plomada y un anzuelo.

Mire mi línea, ella bailaba entre las anillas de mi vara al son en que embobinaba el nylon, observe hacia la derecha, una pequeña negrita expiaba el tarro donde echábamos los peces, y al no ver nada hacía mala cara y seguía mirando los demás tarros de los otros “vecinos”, quizás constatando que tan buena era su madre, que en otras pescaba con un palo de guadua, (esto es Colombia)

Otro pez se me escapaba del anzuelo, no importaba que tipo de carnada pusiese: quenele (concentrado para pez) carne, maza o lombriz, tenía mala racha, pero no me angustiaba, alistaba la vara y volvía a realizar otro lanzamiento al lago.

―¡esto es vida, esto es la vida! ―decía un “vecino” aciano hablando con nosotros

―¿o ustedes se acuerdan de algún problema estando aquí?―decía él animado.

Tenía la razón, el ritual vetusto de ir por la pieza de caza tiene ese no sé qué, podría atreverme a decir que es una especie de efecto de pesca milagrosa, es una especie de caza de recuerdos, un momento idílico, donde los recuerdos de la infancia llegan transportados por el anzuelo del reflejo.

Y al fin regresamos a la casa con solo un pescado, pero con muchos recuerdos revividos, y con el “niño interior” renovado.

*bobina: parte del carrete que gira para enrollar el nylon.

*carrete: parte de la vara que enrolla el nylon.

*la línea: segmento de nylon que va desde la vara hasta el anzuelo.

*plomada: pedazo de plomo que hace que el anzuelo y la carnada no queden flotando en el agua.

*Pick-up: parte del carretel que enrolla o permite alargar el nylon por medio de una manivela.

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El encargo

(Micro-cuento)

Yacía en mi silla adjunta al escritorio observando una serie en mi laptop, y un molesto recordatorio del encargo que mi madre me había dejado, con una pequeña nota al margen recordándome que me quería. Había pasado una hora y recibí una llamada de ella acordándome que fuera por las cosas a la tienda, pero la pereza no me permitió ponerme una camiseta y un par de tenis para salir por el encargo. De pronto algo me pico en el interior, por alguna magia extraña recordé el encargo y automáticamente me enfile hacia la calle. Estando a una cuadra de la tienda me encontré inesperadamente con un gran corro de personas estupefactas, todos me miraron simultáneamente, hicieron un pasillo hacia el interior del grupo, y en el medio: una camioneta, mi madre, el encargo que nunca hice y un asfalto pintado de rojo.

Lo que nos falto

 

Saltos cognitivosImagen

Hace unos días veía una película junto a unos amigos y conocidos, entre la típica joda del parche de amigos, crispeta va, crispeta viene, ¡ey no me riegue la gaseosa pendejo! o ¡vea garoso no se coma toda la chocolatina!  Así como usted muchas veces ha disfrutado de la compañía de sus cercanos tan cotidianamente pero únicamente. La película era ambientada en una época histórica, específicamente la “napoleónica”, así como le suelen decir a este fragmento de la historia (1799-1815) donde Napoleón Bonaparte hizo de las suyas sumiendo a Europa, África y Medio oriente en  una guerra devastadora. Personalmente me gusta esta época histórica (usted ya sabrá que me gusta a historia) pero dejemos mis gustos de lado y sigamos con ese grupo de adultos contemporáneos viendo la película.

¡pendejo no me metas crispetas en los senos!  ¡guevon me pegaste en el ojo (con la crispeta)!, y esto a que viene con el título, en medio de la joda cada quien pillaba a como mejor se amañaba la película, y en medio de esta juerga cinematográfica notaba que mis amigos no se pillaban todos las cosas que acontecían en la película, y no era porque fueran unos brutos, varios al igual que yo leen o vemos series y documentales,  este no era el problema, ¿por qué yo si notaba todas la cosas a detalle y ellos no? Por qué me tocaba explicarles unas cosas?

Culturalmente se nos enseñó a leer libros narrativos donde uno aprende de cosas pero donde uno no puede saber exactamente como se veía un traje de una cortesana del siglo 16 o que prendas viste un geisha. Culturalmente se nos hizo pasar de la lectura a materiales audiovisual como películas o series, inconscientemente se nos dejó dar un salto cognitivo muy largo, pero mal realizado, metafóricamente pasamos de caminar a correr, y no nos enseñaran a trotar. En otras palabras pasamos de ver solo letras (y tener imágenes yuxtapuestas que eran aburridas como pasa en los libros académicos diría la mayoría) y pasamos a ver imágenes en movimiento, textos, iconos y sonido, sin pasar por un intermedio=imágenes, texto e iconos.

Inconscientemente la mayoría dejo de lado a la imagen y por esto se convirtieron en analfabetas visuales, para Pepito da igual una silla posmoderna que una silla rococó, o da lo mismo un volante a la derecha que a la izquierda y un arma del siglo 16 a una ametralladora. Y de esta forma el público se queda sin información completa para poder seguirle el hilo o llevarle la lógica a las películas ambientadas en épocas anteriores a la nuestra.

Se le olvido a la sociedad realizar un salto cognitivo (aprendizaje) del texto, al texto e imagen, y este tiene su propio nombre, narración gráfica (cómic, manga, novelas gráficas, etc). Cuando un lector de este tipo de material lo lee (lee y observa con disfrute) su celebro inconscientemente está literalmente escaneando cada imagen (viñeta) esta se convierte en iconos fácilmente reconocibles por el lector, pudiéndolos guardar fácilmente en su banco de imágenes referenciales, así de esta manera reconoce como es una bota alta del siglo 17, o un fúsil del siglo 18, un carro de 1920, una casa de 1400, de esta manera se nutre conformando un banco de imágenes para poder completar aquellas cosas que no se notan muy bien en la película, pudiendo más que ver, observar cada detalle o acción con facilidad y disfrute.

Ya entendí porque hace unos años un profesor me dijo: “A con razón” cuando le contaba que de niño leí a Tintín y a Corto Maltés.