El nuevo campo de batalla

Competencias

“Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo.

Conoce el terreno y el clima”

Sun tzu

 

Algo dicho hace más de dos mil años no pierde vigencia, dicen que todo cambia, pero le diré algo, yo creo que no, el “terreno” (las empresas)  no ha cambiado, el clima fundamentalmente  no ha cambiado, nosotros básicamente no hemos cambiado, por esto las vetustas palabras de Sun Tzu no pierden vigencia, podrán cambiar definiciones, cuestiones técnicas, pero  en el fondo el humano es y hace lo mismo, batallar por su supervivencia.

A esta altura usted se preguntará de que me habla este tipo, ya le contextualizo. En el contexto laboral dejamos de lado las espadas y ballestas y asimos las competencias como armas en el trabajo, plagado de exigencias  y circunstancias que demandan alguna competencia en particular, las reglas son las mismas, pero ahora no se hablamos de armas si no de competencias, la palabra de boga.

Pero si me preguntan que pienso de la palabra competencia, diré cosas peyorativas, otro método más para tratar de que todos encajemos en el mismo molde, y de paso fastidiarle la vida a los jóvenes ilusionados y recién graduados,  por otro lado evitar recibir tanta hoja de vida infundiendo el pánico, dejando de lado al ser humano e insertándolo en un proceso deshumanizador,  pero eso es lo que hay, tendremos que jugar con lo que haya.

Desde el colegio mi generación viene oyendo en las bocas de los profesores la palabra competencia,  en esos días esta era solo otra más como pedagogía, dejando el pasado no tan cercano veo que el mundo en el cual estaré a punto de inscribirme pide a gritos competencias, pero no hay que asustarse, es solo una palabra que representa las armas que cada ser vivo tiene arraigado en su interior, así como a hormiga que siempre encuentra resguardo,  el gorrión que defiende su nido y el tigre que merodea en las selvas del Sumatra, usted tiene eso que ahora llaman competencias.

 

El mundo laboral es un campo de batalla donde debemos saber que armas (competencias) tenemos a la mano para poder adentrarnos en las líneas del “enemigo” (empresa), si nos hace falta alguna solo es cuestión de encontrarla y sujetarla para poder abrir una brecha en la empresa, entrar y quedarse con el puesto, por esto su importancia, es cuestión de “vida o muerte”, la buena noticia es que todos las tenemos.

Pdta: a mis conocidos que están cazando una práctica o están comiéndosela.

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El pillín de Posteguillo

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Trilogía de Publio Cornelio Escipión el Africano

De Santiago Posteguillo

Hoy les quiero comentar algo atípico en este…. En esta cosa, la Critica, no la nefasta si no la literaria, si a usted le gusta leer novelas buenas y no le da carrasquin la historia bien pueda intentar leer este intento de critica literaria.

 

Primero diré que este es mi primer texto con ínfulas de crítica literaria, segundo seré honesto, el acto de criticar semejante obra me deja casi estupefacto y sin propiedad para calificar dicha obra pues soy un simple aficionado a la escritura, por ahora. En vista de las verdades anteriores trataré de ser lo más objetivo y me basaré en los hechos y algunas suposiciones.

Santiago Posteguillo es Español, filósofo y lingüista, con ello me basaré para tratar de darle forma a su idea universal como autor, pues ante todo es filósofo y lingüista, y después escritor (sin dejar de lado el dato, realizo una especialización de escritura creativa en Estados Unidos). En sus variadas entrevistas y conferencias en las que he tenido la oportunidad de ver vía Youtube se puede notar su pasión por la historia que es casi tangible cuando habla frente a la audiencia, también su faceta educativa pues es profesor universitario, la pedagogía es uno de sus grandes temas en sus pláticas, ahora tenemos a un Posteguillo  filósofo, lingüista, historiador y pedagogo.

En su trilogía narra sobre el nacimiento, obra, reproducción y muerte de Publio Cornelio Escipión agrupado en: (Africanos el hijo del cónsul) (Las legiones malditas) & (La traición de Roma) el autor demuestra sus cuatro facetas anteriormente nombradas, el filósofo se nota al ver como por los laditos, de manera furtiva presenta su idea universal por medio de los personajes que entre líneas y al avanzar la narración va cogiendo forma y fuerza basada en los hechos narrativos que son argumentos a esta, todos ellos marcados por una sólida y sutil base filosofal.

El lingüista se observa en las cortas y dinámicas conversaciones de los personajes, con una acertada confesión lingüística, reflejado en unos buenos diálogos con un correcto manejo de sintaxis y ritmo, ambas estudiadas en la lingüística.

El historiador nutre con pasión todo acto narrativo, implícito en todo capítulo de sus obras, sin afán ni malestar describe entre los diálogos o de manera muy poética y estética el contexto en el que viven los personajes de su obra, llegando a conformar una diégesis robusta y estructurada del siglo II A.C.

El pedagogo se esconde hábilmente detrás de los diálogos y descripciones. Al contrario del profesor común de historia, este encuentra la manera acertada de enseñar todos los datos históricos repartidos en todas las esferas de la sociedad de manera informal, atractiva y mañosa, (ojala hubiera tenido profesores de historia así).

Pero hay otro Santiago Posteguillo, el pillín, este señor encontró la manera de llegarle también a lectores más jóvenes, narra de manera cinematográfica, a la manera visual cargando la historia de imágenes mentales muy vividas, pertinentemente descriptivas y cargadas de energía cinematográfica. Incluso parece haberse asesorado de algún militar, pues cuenta cosas que solo los que fuimos o son militares sabemos, agregándole un peso narrativo natural.

Todo lo dicho anteriormente son solo suposiciones basadas en mi lógica y algunos hechos, ahora me pregunto, porque el gusto tan demarcado de Santiago Posteguillo por la época histórica antigua, en especial sobre Roma, pues no es para menos pues cinco de sus seis libros son ambientados en dicho imperio, lo cual hace suponer un gusto palpable en el tema, esto se responde en dos  fragmentos de una entrevista:

“Le pregunto qué le llevó a Roma. Por qué él, dedicado siempre al mundo anglosajón, de pronto empezó a interesarse por este mundo, que, en teoría, poco tiene que ver con lo que explica cada día en la Universidad. “Bueno, sí”, admite. “Roma lleva mucho tiempo conmigo. Casi desde siempre. Por ejemplo, cuando mi mujer y yo nos casamos, el viaje de luna de miel fue, claro, a Roma (sonrisas). A mi mujer ya le iba indicando por dónde iba… aunque ya había estado en Roma con mis padres, cuando tenía sólo seis años. Y creo que eso quedó en mí como una semilla. Me impactó mucho, siendo tan pequeño. Es verdad que la literatura siempre me ha gustado, pero, ya ves, también de crío solía esperar los libros de texto de Historia con mucha ilusión: me encantaba hojearlos”[1]

Qué hay en él de otros grandes historiadores de Roma. Desde Yourcenar al grandísimo Robert Graves. “Yo me siento muy próximo a ellos, quizás por mi formación anglosajona”, asegura el autor. “Pero me rebelo ante un aspecto: ¿por qué son los anglosajones los que nos tienen que novelar la Historia de Roma? Colleen McCullough es muy buena hablando de Roma, ya sabes, la escritora australiana. O el propio Graves, naturalmente. Pero Hispania dio tres emperadores romanos… tres emperadores, no se olvide. Y la verdad, la historia de Roma hay que hacerla aquí: creo que tenemos que novelar nosotros esto, porque es parte de nuestra propia historia. Mucho más que de la historia de Britania, a la que sólo alcanza de una manera tangencial. ¿Acaso no hablamos latín, o casi, ya sea utilizando el castellano, el gallego o el valenciano, que es la lengua de mi comunidad? Roma está muchísimo más en nuestras venas. Tenemos la obligación de escribir mucho más sobre Roma, porque es parte de nuestras raíces.”[2]

Dejando lo anterior como hecho podría especular que unas décadas atrás un pequeño Santiago se encontraba sentado en las piernas de su abuelo pasando la mejor de sus tardes, mientras su abuelo le leía  “Julio César” de Shekespeare, haciendo que la imaginación del pequeño Santiago explotara en una corriente incontenible. Como resultado ya no habría tarde en la que no tomaría las figuritas de legionarios de plomo de su abuelo, formándolas disciplinadamente para enfrentarse a una horda de indios que hacían el papel de Galos o Germanos creando las historias que algún día querría escribir. Y así el pequeño Santiago se volvió escritor.