El café, la arepa y los 5.000 pesos

 

Pensaba él en muchas cosas mientras el taxi recorría raudo las calles del centro de Santiago de Cali, en la destartalada radio del nuevo automóvil sonaba música de las viejas décadas que él en su intimidad disfrutaba sin que nadie más lo supiera, era Gardel el que entonaba con su inconfundible vos. En su camino el taxi el taxi se detuvo a unas cuantas cuadras de la  discoteca, fueron pocos segundos, los suficientes para que el joven se preguntara que cosas se decían y más importantes, se contaban ahí.

El tiempo paso rápido en la discoteca, copa va, copa viene, ron, guaro, cerveza y hasta tequila (de ese que solo toman los jóvenes cuando realmente hay con que), quizás el ambiente ya viciado del lugar lo saco de un golpe de la compañía de sus amigos y algunos conocidos, esquivó el momento con la típica escusa “―necesito algo de aire” y salió por la amplia puerta no sin dejar de ver qué tipo de gente se encontraba en la disco.

Camino unas cuantas cuadras algo deshabitadas, solo se oían los maullidos de los gatos peleando en los tejados y ocasionalmente los desvaríos de algún borracho en un suelo con vomito encima. A pocos metros un corro de personas se veían alumbrados por un bombillo instalado improvisadamente, se escuchaban voces, risas y un radio de alguno de los taxis que se encontraban parqueados. Él se acercó de la manera más casual, aunque bien sabía que en sus adentros se sentía indeciso, en el grupo habían al menos ocho taxistas, y una señora bonachona atendiendo su puestico de café y arepas,  todos los anteriores envestidos en gruesas chaquetas, una gran sombrilla les trataba de dar amparo de las gélidas corrientes de aire. Ellos lo miraron, su ropa lo delataba como ajeno al gremio, pero él hábilmente esquivo las miradas diciendo que era mesero de una de las discotecas que pululaban la cercanía, todos se la creyeron, él se las apaña para mentir cuando le toca, con descaro tomo asiento pidiendo un sendo café y una arepa que rápidamente llegaron a sus manos.

Él logro lo que quería, infiltrarse en aquel gremio nocturno y callejero, hizo un comentario sobre el clima y la escasa asistencia de personas a las discotecas, rápidamente lo vieron como uno más de ellos, el café imperaba acompañado de la arepa, la señora casi no musitaba palabra pero al igual que él estaba atenta a cada una de las anécdotas ínterin ella llenaba un crucigrama.  Y empezó a oír lo que quería escuchar, callo y dejo que los experimentados taxistas empezaran hablar de sus historias nocturnas y callejeras.

―Pues hombre el otro día se me subió al taxi un señor de lo más raro, hablándome de los finados, que cosa más rara, se me erizo el espinazo ―decía un taxista corpulento entretanto se comía una arepa rellena.

―oiga, a mí que si me han asustao, ¡en la jinca de mi taita allá en el Huila!, eso que si hay de esas brujas cerca al charco del burro ―articulaba otro taxista haciendo gestos y muecas.

Él solo callaba y prestaba atención sin dejar de hacer de vez en cuando un sonido afirmativo a lo que iba oyendo, anécdotas e historias ajenas que por suerte y algo de empeño llegaban a sus oídos.

―Su merced, si la otra vez me arañaron mientras colgaba la ropita, ¡ay! Si me puse pálida y que grito que metí, eso fue horrible, no vi naditica en la terraza, eso fue el Patas por Dios bendito ―intervino la señora de los tintos por primera vez.

Pero llego lo inevitable, o más bien sonó lo inevitable, su celular sonaba por arte de alguno de sus amigos, y no encontrando excusa a la mano él partió del lugar diciéndose que algún día haría la misma infiltración. Pasaron unos escasos diez minutos y dos policías descendieron por el mismo camino que él utilizo, ambos pidieron café y preguntaron si habían visto algo raro en la cercanía, la señora y los taxistas preguntaron el porqué de la pregunta, ambos respondieron que frente a una discoteca habían matado hace dos horas a un joven de camisa y gorra negra. Todos en el puesto se miraron, y uno de ellos tomo la palabra:

―pero si hace naditica ese joven estuvo aquí, ¡ahí en ese butaco! y … ―el taxista al igual que todos en un gesto mecánico miraron hacia el butaco, en este había una arepa y café intactos, y un billete de 5.000.

Anuncios

Entre dos árboles

Santiago de Cali, Agosto del 2012

 Recorría el corto trecho de la puerta de mi casa al parque del barrio, ubicado a Escasos metros de mi hogar, no estando poco nostálgico y melancólico llegaba a la Altura de aquel lugar, el sitio donde no hace más de dos años enterraba parte de mi Infancia, mi adolescencia  y mi novel adultez.

 Santiago de Cali, Agosto 24 del 2010

 ―Ya… es hora ―musité casi un murmullo, notando mi voz trémula, vacilante y Temblorosa.

Miré a mi madre que con ternura maternal acariciaba a Bobby, mientras de sus Ojos brotaban lágrimas  que encontraban reposo en su blanca camisa.

―Iré arriba, por la pala y pica ―comuniqué sabiendo bien que mi hermano se Demoraría en llegar.

Tambaleante subía las gradas, el trecho se me hizo corto y largo al mismo tiempo, No sé como la lógica aplica en esta doble negación, pero fue así. Pasando por mi Pieza decidí sacar una sábana para cubrir su anciano cuerpo, merecía ser cubierto Con esa sábana que me abrigaba del frío en mi infancia, así como él lo hacía con su Incondicional y leal compañía.

Las herramientas, la pica y la pala, raramente se me hacían muy ligeras, como si no Estuvieran ahí en mis manos, no sentía el frio de aquella noche, no sentía nada, a Cada paso, el sentido de todo se envolataba aún más.

 

―Hijo ve, yo me quedaré un rato aquí con él ―dijo mi mamá al tiempo en que yo Cubría su cuerpo dejando su cabeza sin tapar, no sin dejar de ver mi firme pulso Tembloroso.

Partí  hacia el lugar que desde hace un tiempo teníamos destinado, entre dos Árboles, los dos árboles de nuestra familia, un frondoso almendro y un elegante Pino. Con algo de desgano empecé a cavar, la pena pesaba, al momento la negra Tierra empezó a volar pues sin reparo me presté a ello, sólo quería ver una tumba Decente para él.

Al poco tiempo el vigilante de la cuadra se me unió, y en pocos minutos la tumba Estaba lista, mi hermano se asomaba por la ventana avisándome que ya bajaba, Dejé el lugar y me acerque a su cuerpo aun caliente, parecía como dormido, como Cuando descansaba apacible en el corredor de la casa.

 Con cuidado, los dos, mi hermano y yo, cubrimos a Bobby, de la misma manera  Como cuando lo secábamos después del baño, ese baño que tanto odiaba. Lo Levantamos y sentimos el peso del recuerdo, mi madre en sollozos se nos Adelantaba, quizás tratando de no dejar ver su dolor, seguro quería mostrarse fuerte Ante sus hijos.

 

Algunos haces de luz artificial se colaban en medio de las hojas de ambos árboles, la Noche era fresca, la brisa se mantenía cadenciosa, la hojarasca contrastaba Hermosamente con la negrura de la  tierra, como la oscura noche contrastaba con Una luna plateada envuelta en estrellas.

Le pusimos en la maternal tierra que a todos nos ha de acoger, él, la bolita que Corría sin reparo en nuestra infancia, el héroe de nuestra niñez, nuestro confidente En la adolescencia, nuestro compañero en la juventud, nuestro hermano en nuestra Adultez. No mentiré, las lágrimas brotaban de mis ojos en vorágine, y aunque mi Vista estuviera nublada pude ver como un extraño sentía el dolor de una familia, Nunca olvidaré la expresión acongojada en la curtida y ajada cara del vigilante. Aquel día las luces se apagaron temprano, nadie comió o bebió, nadie dijo nada, nadie hizo nada, solo nos entregamos a nuestros recuerdos.

 

Santiago de Cali, Agosto24 del 2012

 

―Andrés, qué haces aquí parado, ¿Qué le miras al árbol? ―rompí mi cavilación Al oír la voz de un pequeño niño, Samuel, uno de mis vecinitos.

―no llores Andrés, no estés triste, que Dios escarbó en la tierra ¡así, así!  ―Prosiguió Camila, una vecinita, haciendo gestos de quien escarba con cuidado ― y Se lo llevó en las manos para el cielo.

―¿De quién hablas Camila? ―preguntó Samuel al tiempo en que mira la negra tierra con interés.

―ven, vamos ―dije al tiempo en que señalaba un cachorro y me secaba una lágrima que bajaba por mi cara ―juguemos a tirarle el palo a  Zeus y mientras te cuento a ti y a Camila quién era Bobby.