Carrito de madera

Realidad

 

Ayer  recorría apaciblemente el cetro de Santiago de Cali [y digo Santiago de Cali porque me suena más lindo, incluso atractivo que decir una simple palabra de dos silabas con cuatro letras] tratando de esquivar un recuerdo nostálgico, no los aburriré con pendejadas mías, seguiré, el suscripto recorría tranquilamente la calle 15 con carrera octava con la costumbre de quien siempre mercas sus materiales para sus ventas,  buscaba cuero. Varias cosas me llamaban la atención, quizás debido a que me gusta estar pendiente de por dónde me ando, pero sin dudas más me llamo la atención un hombre en el invierno de su vida, sentado en su igual vetusta banquita de madera.

Al señor fácilmente lo asimile con mi abuelo materno, estaba sentado frente a un taller de maderas que producía cualquier suerte de productos salidos de esta materia, él descansaba en su banca con sonrisa en la cara, delante de él una mesita desarmable con algo que hace años no atisbaba, juguetes, pero de madera. Me acerque al lugar, claro, con excusa en mano, me compre una coca cola en un puesto ambulante, siendo honesto, no solo por acercarme al lugar, el sol estaba en su cenit, ya conoce usted como pega el mono en el centro de Santiago de Cali.

Gaseosa en mano le pregunte al señor por el precio de un carrito de madera, (entre estos habían varios modelos, incluso carretas de esas del viejo oeste), el zendamente me saludo y me dijo que el carrito costaba 30.000, [siendo sincero no solo buscaba comprarle un regalo a mi sobrio, porque sé que lo desbarataría en tres segundo], iba con la intención de cruzar palabras con el vendedor, él me dio a mostrar el carro en cuestión con sus gruesas manos plagadas de cicatrices, portaba sencillas prendas, pero con porte de caballero, recto como un roble. La verdad no tenía los 30 en mi bolsillo, debía guardar para el material.

Sin darme cuenta ínterin Rómulo (el vendedor) tomaba tinto y yo con mi coca cola nos adentramos en una rápida y sincera conversación,  me contaba que desde niño siempre quiso ser juguetero de profesión (¿hoy en día quién quiere ser juguetero?), aprendió de la profesión de un alemán en su juventud, entre tanto trabajaba en un taller de ebanistería (madera). Dejo su práctica cuando fue a combatir a la guerra de Corea, en donde me decía que en sus ratos de ocio tallaba muñequitos para su hijo que en aquellos momentos se gestaba en el vientre de su amada. –Don Rómulo –cortaba el relato un joven al tiempo en que le pasaba un papel, cruzaron otras palabras y retomo la conversación con este que les escribe, (no me imaginaba que fuera el dueño del lugar). Saliendo de un tema cotidiano en la conversación me sorprendió con una pregunta, me interrogaba del porque me había acercado al lugar mirándome afablemente, no me esperaba esa pregunta, simplemente fui honesto, le dije la verdad, que me interesaba su profesión pues esto ya no se veía.

Él descubrió  la cuestión primordial, me afirmo como adivinando mis pensamientos lo siguiente: “en la vida uno no debe esperar a que las cosas simplemente se le den, si quieres algo (juguetería) pero te llega otra cosa (ebanistería), simplemente debes hacer que esa otra cosa(ebanistería) se convierta en ese algo(juguetería)”, al fin despidiéndome me fui del lugar con el carrito de madera en mano y cavilando en lo dicho por el juguetero, ¿Qué es si no la vida un juego en el cual cada quién tiene juguetes que se le dan, y en sus manos esta con la magia de la imaginación convertir esos juguetes en cosas y seres reales capases de hacerte feliz?

Y ahora miro ese juguete (guión técnico*) y me pregunto, que tanto me hace falta para convertirlo en una novela gráfica.

*Guión técnico: cuaderno de bocetos en donde se bocetea todas las páginas de cómo quedaría la novela gráfica, en otras palabras, es el borrador final de la misma.

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Una deuda menos en mi bolsillo:

Por algunos comentarios pertinentes y lógicos hice lo obvio, que en su debido tiempo ni se me ocurrió. Una ilustración personal para el blog (ya sabran de que va que va esto), sin tanta palabra les dejo en su consideración esta ilustración que cuenta cositas del suscrito si se le sabe mirar.
Pdta: que pena la resolución, mi cámara es nefasta.