Al oeste del Pecos

Atembamiento

Hace unos pocos días entraba a un centro comercial (el nombre no interesa) iba en plan de comprar munición de diseñador gráfico [sabrá usted a que me refiero, papeles, cartones, etc], y de paso algunas cosas para la casa, el horror me llego como un frio golpe al ver una graduada de diseño gráfico de mi universidad trabajando como impulsadora  de un producto X, pese a mi atembamiento  (estado de estupefacción) entable palabras con ella, en resumidas cuentas me decía que al no encontrar trabajo de diseñadora gráfica le toco hacer lo que hacía, y no diré mentiras lindas, ella tenía el alma endeble, ya entenderán el porqué.

Allá por los albores del siglo XIX en el margen oeste del río Pecos (en Texas, Gringolandia) era conocido popularmente como: “el salvaje oeste”, tierras vírgenes plagadas de indios, y por supuesto  también de matones sin ley, cuatreros y cualquier suerte de malviviente que vivía al asecho de los desprevenidos pioneros (colonizadores), el rio Pecos era el hito viviente, vetusto e impasible de las tierras civilizadas y conocidas, y las tierras desconocidas y salvajes del otro lado, pero esto le importaba poco a los pioneros, personas de mirada dura y penetrante, pero de fácil sonrisa, facciones talladas en mármol, de atenta vigía, corazón de león y mano firme. Ya a esta altura usted se preguntara porque el suscrito le habla de un río y épocas lejanas, la razón es sencilla, yo, como quizás usted estamos a punto de cruzar el “río Pecos”, dejaremos al otro lado las tierras afables {la universidad} y apertrechados de toda suerte de herramientas {como lo que usted tiene en la cabeza y el corazón}, y quizás con la serte de encontrarse algún Amigo a su lado (diferénciese de conocidos) nos adentraremos en el lado oeste del Pecos, el salvaje oeste.

Si, es así, o al menos así lo veo, la calle no es más que el salvaje oeste, una tierra que a pesar de ser hostil, dura y caprichosa, también pulula en extensas praderas fértiles y buenas aguas, ahí está, como hubiera dicho el coronel Lambeth [personaje de una historia], al otro lado del río, esperando a ser domada y trabajada. Pero como cualquier historia, las tierras al otro lado del río no son un resort, al contrario, está poblado de cualquier suerte de inconvenientes, como el caer en una estampida de desempleados, o el ser atravesados de par en par por una flecha del desocupe, la cuestión sería si tenemos lo suficiente para llegar al otro lado y plantar cara el hecho del desempleo , y formar parte como vaquero de algún rancho (empresa) o formar tu propio rancho, ambas viables, pero Dios nos libre de caer en la desgracia de no ejercer lo que amamos.

La verdad, esto es lo que pienso, lo que quizás hable alguna vez con usted, de pronto no lleguemos a travesar el rio porque se encuentre muy revoltoso (proyecto de grado), quizás lleguemos al otro lado, pero terminemos aplastados por una estampida, como la chica del centro comercial. La verdad no está escrita, pero yo creo firmemente en el destino, y si usted tiene una vocesita que le dice que por ahí es (como yo creo que la tengo), algún día encontremos un rancho o formemos nuestro propio rancho en aquella hermosa tierra al oeste del Pecos.

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