El árbol espinoso

Bolitas de icopor

 

Hace unos pocos días llegando de realizar unas compras recorría lentamente el parque de mi infancia de mi barrio, no me contuve, hacia un sol de portada de revista y una brisa que hacia bailar a su son hojas verdes y ocres por igual. No estando poco nostálgico y melancólico, (de lo primero fruto de recordar mi niñez, de lo segundo, preferiría no mencionarlo), al pasar por un montículo coronado por un espinoso árbol, pude ver como si de la nada el pasado se presentara reflejado ante mí.

Unos niños jugaban en dicho montículo, curiosos, tenían una senda bicicleta boca arriba, uno de ellos con la energía que solo impulsa la infancia pedaleaba velozmente utilizando las diestras manos, ínterin, otro traba de frenan la llanta trasera con un trozo de icopor provocando una pequeña brisa blanca (de pequeñas volitas de icopor) que viajaba por la refrescante corriente de aire de aquella tarde, está divertía a  los demás niños, que reían y gozaban de esta sencilla jugarreta <<así al vigilante de la cuadra y su escoba no le pareciera muy divertido>> .

Sin aburrirlos con muchas palabra, exactamente eso mismo hacia con mis amigos, ya en un pasado no tan cercano, pero fueron unas simples palabras lo que me sacaron de mis recuerdos, una niña le decía “¿ya te viste Valiente, la película?”, y el otro niño respondió: “si, es muy bacana”. Me seque una lágrima  que bajaba por mi cara (ríanse, pero es la verdad) y presto me enfile hacia mi casa, ya se imaginaran precisamente a que.

No perdí tiempo me acerque al computador, busque mi pagina predilecta para ver películas online y le di play. Viendo como la narración (producto de Pixar) marchaba perfecta cual manecillas de reloj, sin ningún tipo de erros narrativo, sin el menor redundamiento pendejo, sin el más ínfimo acto o acción sin valor narrativo sin sentido, pensaba ¡es esto!, narraciones que hagan reír a carcajadas con descaro, que hagan llorar sin importar quién te ve, que te aterren haciéndote gritar como niña ante el desprevenido, que te deje en suspenso como cuando no sabes qué cosa se mueve en la oscuridad de tu cuarto, o que te haga suspirar y recordar aquella persona que está en tus recuerdos.

Faltaron 26 años, 8 meses y 2 días aproximadamente para estar realmente consiente que es lo que hace que mi corazón lata  y mi mente vuele libre, el acto de valor de Narrar, de contar, y lo llamo el “acto de valor” pues ya sabrán que en nuestro país eso ¡es!, un acto al mundo de los anhelos,  donde todo es posible, pero en medio del mundo real, donde la mayoría de cosas no se dan tristemente.

 

 

El acto de narrar es como un árbol espinoso, como aquel que corona el montículo, un lindo árbol, grande y hermoso, venerable en sus años, pero agrio en sus espinas, pues no todos tienen el suficiente valor de treparlo, divisar desde su copa y comer de su dulce fruto.

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Del telonero

El mundillo del protocolo:

 
Y se preguntaran, ¿Qué hace este bicho raro trabajando en protocolo?, pues la verdad es esta, un amigo me convido pues la jefa le dijo que le faltaba un sujeto para complementar el grupo de protocolo de la agencia de eventos, (y como buen amigo me recomendó). La otra parte de la verdad es que sencillamente necesito dinero para adquirir un instrumento <<para facilitar mi labor con lo que nos trae en esencia a esta bitácora, la novela gráfica>>, dicen que la necesidad tiene cara de perro, tanto así que odiando este tipo de trabajos (producto de otra anécdota, pero esa, es otra historia) me vi en la penosa necesidad de trabajar en ello de nuevo.
 
Ya presto y tranquilo saludando a los invitados, actuando una farsa sonrisa en mi cara (haciendo de niño lindo, y no es que este diciendo que sea apuesto) sacando ese carisma que tengo bien al refundido, me paraba de esa manera como un buen pedazo de carne de protocolo.
 
El evento era auspiciado por Johnson & Johnson, caleños, paisas, rolos, costeños, en fin, gente de todos lados, en su 90% mujeres, hasta ahí todo normal. Lo que me comenzó a llamar la atención fue en uno de esos descansos (entre la carpa de la agencia de eventos), fue que todos los modelos al entrar ejecutaban sistemáticamente sin excepción un gesto <<pienso, aprendido en la escuela de modelaje>> que consistía en golpear fuerte al suelo con el primer paso al entrar en el lugar (cosas de la paralingüística), como queriendo decir “AQUÍ ESTOY YO, mírenme soy muy lind@ jajaja” y fueron esta clase de cosas que  me comenzaron a desvelar el mundillo del protocolo. 
 
La plática, la echada de rulo mis escasos y queridos lectores fue lo que me reafirmo el mundo de estos seres de cuentos de hadas <<y lo digo generalmente, pues ahí escasas excepciones>> y de estos más me llamo la atención una suerte casi inaudible de verborrea disfrazada de objetos de moda. Le decía Pepita a Perenceja (ínterin se retocaban en maquillaje) que mañana se iba con su “Porquy” <<he de pensar que se refería a su marrano de turno>> a comprar unos tacones “divinos” de 900.000, que él muy lindo se los regalaría. 
 
<<y aquí se me fue el royo porque tuve que ir a pagar recibos>> Por otro lado Pepito le decía a Juanito que se iba comprar el último modelo de moto del mercado, que porque le daba pena que lo vieran con el modelo del año pasado. Al mismo instante Susanita le decía a Sebas que se iba a comprar el nuevo IPAD pues este era el último modelo, diciendo que debía de ser mejor. En la esquina Mengana le decía a Yuyita que iba a cancelar la mayoría de materias de la U para que los padres no se dieran cuanta que iba perdiendo (quizás para ganar tiempo mientras se conseguía un marrano que la mantuviera), y de estas entre otras interesantes platicas me vi rodeado, y pues no habiendo de otra puse mi mejor cara de simpático (como de esas cuando te pilla la jefe mandando msn, y de hecho paso, pero nada que una amplia sonrisa no arregle), para oír y tomar apunte de la clase de gente que Dios quiera nunca formen parte de mi vida.
 
No les mentiré una de las modelos me mostro prácticamente todo al agacharse disimuladitamente, que pecado es que la culpa de la falda que no le cubre  todo, o después una invitada del evento (de por cierto muy asiliconada y tomada) hizo unas cuantas propuestas a los del protocolo, pero esas cosas resbalan cuando hay una persona metida entre hemisferio y hemisferio. Y fueron precisamente los alaridos y chillidos de los modelos iracundos los que me sacaron de mis recuerdos, bravos decían que o les pagaban o los llevaban a casa, <<es que no saben que en el protocolo y logística pagan a la semana>>, y entre estas reía con mi amigo, deberían gastarse unos cuantos pesitos en algo para leer, a ver si les mejora la memoria.
 
Y esto pues, a los que se preguntaban qué pasaba con esa gente que estaba ahí parada con cara linda y diciéndoles buenas noches cuando usted asistía a eventos.

El Petronio entre la calle del pecado, ¿o al revés? 2.0

Versión extendida full HD {a petición de una lectora}

 
Son las 11 pm (llegamos del Petronio), nos bajamos del taxi, algunos amigos y yo, nos paramos frente a la calle del pecado maculada de negro en cada palmo, algo sucia, y a esa hora ya casi llena como la gaseosa que sale en espuma de su botella, oscura y cochina, una calle de no más de 120 metros por unos 25 metros de ancho. Ahora la veo pequeña, oscura y sucia, la gente <<”gente bien” y chirris>> braman, chillan, cantan y tararean en corros que se forman agolpando la mísera calle, nosotros, vigilantes de las figuras algo siniestras y sospechosas que extrañamente se apostan en los lugares predominantes para hacer de las suyas, vuelan entre sus manos papeleticas blancas y verdes, también algunos tarritos, los puestos de cualquier suerte de fritanga median el apretujado lugar, miramos con displicencia y desconfiados el lugar, muchos gozan, y mis amigos se dejaron llevar casi del todo por el lugar, yo no mentiré me divertí, pero por ellos, no me importaba el lugar, pero seguía cauteloso.
 
Tres hoteles, hacían de atalayas de la dichosa calle, algunos usuarios de los hoteles aventaban agua y gritos, algunos otros cantaban en unísono con la algarabía de la calle. Todos con la sangre alicorada y caliente siguen cantando y tomando, de pie, porque no hay espacio para sentarse, y si lo hubiera no lo harías, el sitio esta puerco, pero no totalizare, en las entradas de los hoteles encontramos un pequeño lugar para sentarnos, los pies están cansados, pero de nuevo nos dirigimos hacia la vorágine de personas, abriéndonos camino con disimulados empujones al tiempo en que nos hace mala cara <<esa que dicen que siempre porto>>, pero ellos saben que también lo están haciendo, huele a sudor y “fritanga”, la gente se cuida la billetera o su bolso, el lugar no es un ejemplo moral (no hay fresitas & manzanitas), y así, moviéndonos por la turba enloquecida de música y licor avanzamos de un lado para otro  buscando un buen lugar para quedarnos de pie y tratar de pasarla bien. 
 
Algunos posesos con instrumentos primitivos en el centro de la conglomeración junto a adláteres alborozados y retozando forman círculos circuncéntricos, en donde algunos gritan sin freno, otros arrojan a personas a los aires, otros bailan en un reducido espacio, todos y cada uno de ellos en una especia de “clac social”, donde justifican la “farándula”, porque si no estuviste en la calle del pecado, no estuviste en el Petronio, o al menos eso oí.

El Petronio entre la calle del pecado, ¿o al revés?

El teléfono roto.

 
 
Llegando de la universidad me encontré a mi pesar con un teléfono roto, veía gente formando un corro que cual buitres observaban por medio de una reja del conjunto de apartamentos. Algunos decían “un niño”, otros exclamaban “brutos”, otros articulaban “ambulancia”, algunos otros solo callaban. De todo ellos pude deducir que un niño había caído de un piso elevado, al avanzar algunos metros la aturdidora sirena del camión de bomberos sonó, al tiempo en que una señora con aspecto de la típica tía decía “es que estamos en verano, mucho incendio por ahí”, y me dije, todo un <<teléfono roto>>.
 
A lo que iba, “la calle del pecado”, todo un teléfono roto, puede que se le asocie con el Petronio pero el festival Petronio Álvarez es otra cosa, porque una cosa es una cosa, y otra, pues otra.
 
Al contrario, la dichosa calle inflada por las palabras alicoradas de gente que llegando ya prenda del buen Petronio y con la sangre caliente, solo, y al otro día se acordaban del Petronio, solo de eso, del festival, y por quien sabe que, asociaban en medio de las lagunas y los comentarios de chirris y “gente bien” (que sabrá quién sabe que) justificaban el griterío  desquiciado, la locura atembada colectiva, el licor barato y una vorágine de gente apretujada y apoltronadas, de pie, sin tener donde reposar las nalgas.
 
Un lugar valorado mucho más de la cuenta, por estar convenientemente en medio de un festival excelente, y brillado por una especie de <<clac social>>, por la lengua de chirris y gente “bien”. Todo un teléfono roto.

Circunstancias favorables

Todavía respiraba

 
El otro día mientras leía mi libro de turno (Los asesinos del emperador) en una mesa de la cafetería de la universidad acompañado de amigos, recibía toda suerte de chistes sobre el libro, <<pues no era para menos, tremendo ladrillo, todo una arma contundente que fácilmente podría noquear a un caballo>>, me reía, solo eso, y quien no al oír cosas como:
“― parece la Biblia versión extendida HD” y por otro lado veía como una amiga me pintaba el cuaderno de bocetos (en donde creo gráficamente los personajes) no podía dejar de reír.
 
Siendo sincero, también me molestaban con otra cosa <<eso me lo callo>>, en estas, no podía dejar de pensar que por más que me viera alcanzado de tiempo y con falta de talento para pergeñar la novela gráfica, estaba ahí, riendo, relajado, contento de estar con esa gente, trabajando lentamente, pero feliz, feliz de proseguir con mi proyecto, que bien o mal, lo intentaba, y todavía respiraba, y si respiraba era porque quizás y con un poco de suerte (o con circunstancias favorables, como le suelo llama) podría darle fin a esto que nos trae a esta sencilla bitácora.

Lemures

Que feo es sentirse un extraño

 

 

 

 Son las 3 AM, (el himno nacional suena), no se pregunten que hace a esta hora el subscripto escribiendo, eso no importa, hoy en medio de una reunión social departía <<a lo que extrañado>> con extraños, quizás exceptuando una amiga y un conocido que tenia a mi lado, pero en fin <<perdonen la redundancia>> estaba rodeado de extraños, todos extraños a mi persona,  incluso entre los extraños de los mismos extraños, me sentía incomodo, me sentía mal con migo mismo, me preguntaba ¿Qué hago aquí?.

 

Eran como Lemures <<espectros>> de personas en un pasado ya no cercano, que en pasado conocía, respetaba, admiraba e incluso quería, sí ahora eran Lemures del pasado, irreconocibles, extraños. Sí, estaba en medio de una mentira, que los desconocidos jugaban con los otros desconocidos, me sentía incomodo, mal con migo mismo. Por más que tratara de parecer alegre y atento al tema que rondaba en la mesa, estaba absorto en mis cavilaciones. Tendría que ver el modo para dejar el pasado con sus Lemures, allá donde debían estar.

 

Era aun más extraño ver a los extraños como se quejaban de que algunos otros extraños no estuvieran ahí con ellos, hablando con ellos en el B.B (black berry), era raro esto, porque justo cuando los otros extraños llegaban, ya ellos estaban hablando con otros extraños en la B.B y no les prestaba la atención que tanto comunicaban por el aparatico este.

¿Sera que nos vamos a convertir como las personas de la película de WALL-E, que interactuando únicamente por pantallas?.

Un extraño biruji

En el fig 2

 

 

 

La verdad tengo mucho por que contar, y ganas me sobran, pero siendo realista los aburriría con todo mi parlamento. Todo ello deriva de mi viaje (con algunos compañeros) al congreso internacional de ilustración “el fig 2”, aprendiendo de los que vale la pena aprender, pidiendo los 3 primeros autógrafos que pido en mi vida (valga la aclaración) a gente que vale la pena, no a gente de la farándula, buscando novelas graficas y libros sobre narrativa visual  <<al fin pude adquirir uno de “CortoMaltez” y “El arte alfa de tintin”>>

 

Mucho aprendí de gente con trascendencia y trayectoria en este campo, que de algún u otro modo aplica para lo que nos trae a esta bitácora, personajes como Isidro Ferrer, Kestutis Kasparavicius y Wesley Burt. La verdad me sentía miserable y patético al lado de esas leyendas, gente con décadas en esta hermosa labor, ellos no se quedaron en mostrar trabajos y hablar de ellos, especialmente el segundo, un ejemplo de vida, con sencilles hablaba de su larga vida como narrador grafico, que a pesar de hablarnos en lituano por medio de una simpática traductora de aproximadamente la misma edad (75 años), nos incitaba a no solo quedarnos en la ilustración, si no a escribir, al no tenerle miedo, al narrar con letras e imágenes.

 

Orden, dedicación y disciplina, mucha disciplina nos aconsejaba como piedra angular en su carrera, cosa que hace falta en el común denominador de los colombianos, la verdad, no sé si tengo la suficiente, ojala me alcance para tanto, tratare. Pero también debo mencionar los frutos de mi dedicación, con orgullo puedo decir que ya cree “gráficamente” los personajes españoles de la novela grafica, el guion literario a medio camino, ya pienso trabajarle al guion técnico en vacaciones, que no piensen que este su humilde servidor es lascivo y desidioso.

 

Un concurso de ilustración se cruzo en el camino en el congreso, participara gente con trayectoria, de pronto me descare y me anime a participar, pero no lo creo. Lo bueno de esto fue que pensando en aquello se me ocurrió una idea de narrar de forma diferente gráficamente, puede que exista o no esta forma, en mi defensa puedo esgrimir que nunca la he visto. Ya de regreso a casa en Bolivariano, me llamaron a eso de las 7pm a informarme que ya era oficialmente tío, me dio una sensación extraña (que no se la atribuiré al biruji de Bogotá), todavía siento eso raro.