El fin de un ciclo.

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Cada cuento tiene su final, y el taller en que creci como escritor y como ser humano llego a su fin, después de 2 años he aquí el vástago de un maestro, un monitor y ventitantos talleristas.

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Auto-sublimación

Lo dijo primero un mamerto del cual no recuerdo el nombre.

 

Si usted está aquí leyendo esta babosada, que bien se disponga, yo no pienso callar porque usted está allá al otro lado del PC, si no lo hago con mis amigos, mucho menos con usted, querido desconocido.

Una de esas tantas mañanas en que sentado en la oficina pensaba como me la pillaría para sortear otro día laboral ínterin oía uno de esos programas de la mañana de público juvenil, por otro lado prendía mi PC y me preguntaba que desayunaría hoy, así, como muchos emprenden otro día en el difuso mundo laboral.

Y me reprendía, por qué escucho esta mierda, unos pendejos auto-justificándose, auto-alabándose, esto que un sociólogos y psicoanalistas llamaba la auto-sublimación, eso sí, con ese pringoso brillo que solo se permite el jetset criollo.

¡sos grande! Sos lo máximo! La más linda! La más sexy! (he visto mejores personas en la cotidianidad) Y los sinónimos que a usted se le ocurran, entretanto nuestra endémica e ignorante bola de adolescentes se tragan todo el cuento enterito, la mierda que le quieren meter hasta el fondo, medios (Caracol, RCN) y así otra generación de jóvenes de culo al basurero. Perdonara usted mi lenguaje poco educado y recatado, pero se lo advertí al inicio (como mi falta de ortografía) hoy quería hacer rima con mi vocabulario de chusma pues la ocasión amerita.

Y así mejor cortemos esto, pero cuidado mi querido desconocido, atento que le meten mierda por liebre, las cosa no ha cambiado, espejos por oro, como hace más de 500 años bien sabían hacer los españoles a los aborígenes, nuestros antepasados tenían disculpa, pero usted no, individuo postmoderno.

Tinta Roja

(intento de Crónica)

 ―Olle Fernando tócate una ―decía un hombre curtido en barro y algo de maraña mientras trataba de limpiar su arcabuz* haciéndole cara de mala pinta al mismo.

―¡quien coños tiene mi Laúd! ―respondió el aludido.

―!Hala! esos estacones no se cortarán solos, Diez, ándate con 3 y córtalos cagando leches ―gritaba un hombre a caballo pisando con su montura cuerpos destrozados por las balas de los arcabuces, hombres, ancianos, niños y mujeres.

Como si se tratará de un desfile monótono me enfile hacia la pequeña tolda improvisada a modo de tienda de campaña, pues hago parte de la segunda expedición a esta tierra miserable plagada de plantas y más plantas, y por supuesto aborígenes, dentro de mis actividades esta el registrar gráficamente con ilustraciones paisajes, animales y a cuanto salvaje se me cruza en el camino para su excelencia el rey Felipe I.

―¡ajayyyy! he puesto mi corazón en manos de la mora, viento en la cara mira como baila la mora ―Fernando deslizaba sus gruesos dedos de alabardero* mágicamente por las delgadas cuerdas del laúd entretanto entonaba.

Otro invadido todavía por la ira de la anterior escaramuza remataba con su espada a cuanto indio moribundo o vivo se le topara en sus botas ya rojas, paro, me miro cuando remataba a su último  cadáver y se enfilo hacia mi ―¡he! Tu no estabas lloriqueando el otro día por tinta, pues mira, te he llenado un embace para tus dibujitos ―y me paso de golpe un frasco de vidrio con tinta roja, de ese rojo que corre por sus venas y las mías.

―¡ella mueva sus caderas¡ al ritmo de las castañuelas, infeliz por poner mi corazón en manos de la gitana mora ―proseguía Fernando.

―chaval, pasadle brillo a esa coraza, el casco tiene que estar más inmaculado que la concha de tu madre o ya le responderás al capitán González, ¿Qué esperas? Despabila copón  ―escupía una orden un viejo barrigón hasta el cuello de miseria.

Asqueado de cadáveres decidí por jugar un rato con el único ser inocente de la expedición, la Guapa, una mastín enorme que jugaba con migo sin el menor reparo buscando cualquier palo que le tirara, como el caballo que busca amparo en las calidas manos de su jinete, ni toda la cochinada del alrededor me hace perder el sosiego de la compañía de una animal.

―¡Cuidao con esas manos artista!, la Guapa ya se ha cargado a doce salvaje, yo de tú me andaba con celo, de pronto se le confunde tu brazo con un palo de esos que le avientas jajaja.

Joputa el muy cabroncete, y más la puta que pario la guerra, perdonará usted mi lenguaje en estas últimas líneas de esta escuálida crónica, pero sabrá usted que ante tanta miseria el recatamiento y las buenas costumbres se pierden o más bien aparecen en pocos momentos. Perdone,  acortaré las palabras ya que la tinta se acaba, pues mi humanidad no alcanza para utilizar esa tinta roja, pero lo callaré, pues quizás otro “más humano” sea capaz de ello.

Arcabuz: escopeta antigua

Alabardero: soldado que maneja lanza

Mastín: raza de perro que da miedo.

Temas lapidarios

Me vale una….. si lee esto y piensa que soy un idiota

 

En una de esas tardes conversaba con una amiga* de esos temas tan lapidarios, de esos que la gente trata de evitar a pesar de ser tan intrínsecamente humanos, del diario vivir, de esas reglas o leyes pendejas no oficiales que usted conoce muy bien y que por dios sabe que nosotros los humanos tratamos de no mencionar, quízas por lo mezquino de las mismas, no sabría decirle. Y al fin si usted me conoce sabrá que prefiero quedar mal antes de callarme lo que pienso.

Con ella platicaba no sin notar un rubor en sus mejillas por la naturaleza del tema, como si le avergonzará hablar y delatar su humanidad, la comprendía, ya a mis recién 28 años entiendo que es mejor pasar sonrojado un segundo que pálido toda la vida.

Si, la obligue a hablar del tema, no con un cuchillo, si no con el argumento disfrazado de anécdotas sigilosas, pues sé muy bien que la gente le huye a estos temas.

Que pasa con esa persona con delirio de superstar que se hace notar y llamar como tema de conversación cuando llega tarde a cualquier reunión social, este que siempre llega con una sonrisa bien ensayada, como su llegada tarde bien cronometrada, este que reza: “el rey se hace esperar”, así de esta manera se impone subiendo de estatus, no se usted pero yo con esa gente no encajo, gente que llama la atención de manera irrespetuosa, si no respeta tu tiempo, no te respeta.

 

Han dicho “si no baila bien no es bueno en la cama”, si esto fuera así en toda Norteamérica, Europa y Asia no habría un buen polvo, personalmente puedo decir que he tenido muy buenas noches con mujeres que de baile 0.

 

Este sujeto que te sonríe todo el día, con ese carisma impulsado por una inteligencia superficial, tan superficial como sus actos hacia ti, ese que una vez al año te invita algún lugar o te muestra cortesía con un presente, y se muestra alegre de tenerte entre sus incontables idiotas útiles, “a propósito ¿os habéis dado cuenta? las personas más siniestras suelen ser las más corteses”* yo no sé usted pero yo a las víboras me gusta tenerlas en el serpentario.

 

 

¡Viejito! Me dijo una vez una mujer (quizás porque nunca le sonreí), preferí no decirle que yo no sonrió porque sí, o por presiones sociales, yo le sonrió al que dibuja una sonrisa en mí cara, no me gusta la persona de sonrisa falsa, prefiero al que me sonríe poco pero de corazón.

 

Esa persona que hace recurso del viejo truco del “hágase desear” aquel individuo que fríamente intenta tener al pobre desprevenido como uno más de sus idiotas utilizándolos a su antojo, burlándose viéndolos bailar a su ritmo. Nadie con tres neurona se enamora de otro por maltrato, la gente simplemente lo hace, y al contrarío de sentirse atraído por el supuesto deseo,  poco a poco desgasta ese “no sé qué” que le vio a ese ser cuando lo vio ahí parado por primera vez.

 

Está en su naturaleza y la mía, el hombre se siente atraído las mujeres con senos grandes pues genéticamente entiende que podrá amamantar bien a su descendencia, una mujer con caderas, cola y piernas grandes podrá parir varias veces, algo inscrito en el ADN masculino. La mujer busca al macho con una buena posición social, sin importarle que tan feo o idiota sea este, pues prefiere la estabilidad económica para brindar buen resguardo a sus crías (o si no mire la farándula criolla) Yo no sé usted pero yo no prefiero practicar estos preceptos cavernícolas, llámenme romántico o cursi, pero prefiero cualquier tipo de relación alejada de cualquier interés.

Ese concejero que siempre usted tiene a su lado, el que siempre le dice directa o indirectamente que Tiene que hacer, que mañosamente se lo hace saber, especialmente cuando se trata de una opinión sobre una persona. Antes de formar juicios sobre una persona, observa el piso en que se paran los argumentos, por muy verosímiles* y prestantes que sean a ti, nadie sabe que intenciones y rencores mueven la lengua de su concejero.

 

La primera impresión es la que cuenta, los primeros 30 segundos cuando  conoces una persona te dirá quién es. Hay personas que provocan una muy buena impresión pero deseccionan a la segunda, por otro lado, hay personas que te sorprenderán gratamente tras una quinta impresión, personalmente me sería muy triste que sus primeras impresiones sobre mi fuera las correcta.

 

Y así podría seguir con esta serie de leyes no oficiales, pero prefiero que usted se acuerde de otras más y vea lo idiotas que son estas pendejadas. Haga lo que quiera lo más rápido posible, porque muy posiblemente cuando pase el tiempo y se anime ya no podrá hacerlo.

 

*amigo: ese hermano elegido

*Michael Clynes.

*verosímiles: que parecen creibles.

¿Dibujar o ilustrar?

Esclavitud y libertad

 Cuando se habla de dibujo se habla de copiar algo ya existente lo más exacto posible, es así cuando vemos a un niño que intenta “dibujar=copiar”  lo más exacto posible a su dinosaurio favorito, de la misma manera que cuando usted y yo tratábamos de copiar en la hoja algún muñequito* de nuestra época, sin que nos quedara parecido, al contrario lleno de errores, pero hacíamos el ejercicio de dibujar a como mejor podíamos. Aquí a esta altura del texto confieso correr la novela* que estaba leyendo (y que me servía de apoyo para los codos para escribirles) pues el tema se alargó, y alguno que otro conocido me pidió que le explicara la diferencia entre el dibujar e ilustrar. Si lo recuerda este ejercicio de dibujar empieza como en la preadolescencia, donde ya estamos sometidos a las leyes de la sociedad, donde se valora más la exactitud y se deja de lado la imaginación.

Si usted sigue recordando aún más hacia el pasado, en la infancia usted y yo éramos ilustradores, todos y cada uno de los niños, sin los prejuicios de la adolescencia y la adultez, poníamos en el papel y en la pared si hacía falta mundos imaginarios y fantásticos, sin necesitar estar viendo fotos u objetos, deformándolos a nuestra gana, grandes castillos encantados emergían de la nada, hermosas princesas acompañadas quizás de un poni, y grandes batallas se libraban entre indios, vaqueros y caballeros, así, de la nada, solo hacía falta algo con que rayar y algo donde rayar.

La ilustración es como la escritura, necesita del conocimiento de muchos caracteres (que se aprenden desde la niñez) que en este caso no son alfanuméricos*, sino de una serie de estructuras, formas y texturas que varían según la “escritura”, es decir según la composición o tema de la “escritura”, en otras palabras cuando se ilustra se está escribiendo con imágenes.

Poniéndolo en la acción, si se quiere ilustrar un caballo debemos conocer parte por parte del caballo, como se mueve, cada detalle para posteriormente plantearlo en la hoja con nuestra particular forma de ver el mundo, con ese toque que solo usted le puede otorgar a ese caballo, de alguna manera cuando dibujamos somos esclavos porque la realidad nos restringe, pero cuando ilustramos somos amos y señores de la realidad.

Ahí le dejo la duda y me retiro a seguir con mi novela, eso sí, no me valla a tirar la culpa cuando le dé por rayar la pared de su casa.

 

*Muñequito: palabra que usamos para llamar a las animaciones:  Los caballeros del zodiaco (siempre han sido 13 constelaciones, no 12), Super campeones o Dragon ball. Recuerde que caricatura es cuando dibujan a una persona o cosa con rasgos exagerados.

*El circo máximo.

*alfanuméricos: letras, signos mudos y números.

 

Tenía que ser

Todos los días, 24 horas

Cada segundo, somos, somos…

 Y se diría que por ser caleño, de Santiago de Cali (para evitar enredos futbolísticos) tendría que  ser amante de la feria, con la salsa que ensalsa entre colores variopintos, el salsódromo, rumbodromo, desfile de carros viejos y cabalgata deberían estar en mis palabras más pronunciadas. Tendría que ser hincha furibundo de algún equipo de mi ciudad, mi portátil por regla debería tener salsa a estallar. Todas las tardes tendría que comprar pandebono para comer con un buen café (cosa que hago), no me debería molestar el olor del chontaduro, la manga y la grosella, y no debería tener miedo a que un niño me manchara la ropa con chontaduro en estas latas que llaman Mio. Tendría que saber y conocer sobre la maceta de alfeñique que tradicionalmente se entregan en el día de los ahijados (cosa que sé), cada súper concierto (gracias Laura por acordarme) tendría que estar en primera fila saltando, bailando y gozando (¿y acaso solo se goza de esta manera?) con el timbal y la clave de algunos de estos superstar), la barra Poker debería ser mi primera opción, el calor humano que se respira al tratar de entrar tendría que ser mi perfume para toda la noche, pero no, no es así.

Si soy caleño, y muy orgulloso, pero nunca cuadré en el imaginario colectivo del caleño promedio, encuentro otras formas de expresar y gozar  más que solo el baile, quizás por ello soy un bailarín regular, siempre he encontrado el brillo en las cosas que nadie o pocos voltean a mirar, no parezco caleño, si ser caleño es sinónimo de todo lo anterior, como que el orden de sus factores no altera el resultado, nunca me gusto las formulas, por ello trate de armar mía, ya responderá usted si el resultado fue un caleño.

Usted mi estimado lector ya le habrán pasado varias imágenes mentales (de esas que uno se imagina cuando le hablan de algo)  al tocar el orden de los factores, pero el orden como decíamos no importa en la formula.

La cabalgata que debería ser una suerte de exposición equina móvil donde ellos, los caballos fueran los protagonistas, y no traquetos y producidas a punta de silicona, una feria taurina donde el arte del toreo no fuera ensuciado con la sangre de lidia, si me deja me explico, que pasará con todas esas palabras de este oficio como: monosabio*, burladero* o talequilla*, palabras que conforman nuestro hermoso idioma, y que desaparecerían si se esfuma el toreo, así una parte de nosotros moriría, ¿por qué no un toreo sin sangre?. Porque llamarlo salsódromo, acaso Cali tiene solo este modo de cultura para comunicar, yo no sé, pero yo veo muchísimos más, por qué no involucrar todas las expresiones artísticas. Y así podríamos seguir pero se me hace largo.

Y al terminar todos somos sometidos a cierta presión social (no oficial) donde se te termina obligando mañosamente a etiquetarse con todos estos eventos, “¡si no vas ve, no sos caleño oistes!”,  yo no sé usted pero yo mejor me amaño mi formula.

 

Monosabio*: asistente del picador

Burladero*: barrera para guarecerse del toro

Talequilla*: pantalón del torero

Platillo internacional

Ya me dirá

Alguna vez una conocida en medio de esas platicas cotidianas y pendejas que usted y yo hacemos normalmente me pregunto por material audiovisual, de ese que consumimos ordinariamente día a día, pero no he dicho “ordinario” de burdo, no, dije ordinario de cotidiano, es mejor dejar las cosas claras, de pronto nos enredamos.

La conversación giro dramáticamente hacia otro tema, después le contaré la tragedia griega. Pero la pregunta se me quedo, y ahora le comento de esas cosas que usted y yo vemos en el computador, laptop o televisor, de esas series y películas que nadie le conto en Colombia, pues ya sabrá muy bien que aquí llega poco, y escaso de buen sabor.

Hoy les traigo un banquete con sabor latino:

La entrada: (Sr Ávila) todo en la vida es trata de intercambio, y la muerte no podría ser a excepción, el señor Ávila se encargará de cobrarle un asequible precio por desaparecerle sus problemas. Un bocado con sabor a muerte mexicana.

Se recomienda acompañar con un café (serie)

El plato fuerte: (Joven y alocada) usted ya sabe muy bien porque le pasa lo que le pasa al joven, por idiota, ignorancia en la vida que llaman, pero se ha preguntado ¿por qué el joven decide ignorar los concejos y estrellarse contra la pared? Si le queda algo de esencia joven esta es su historia, claro, si no le molesta el buqué chileno.

Se recomienda acompañar con un Coca Cola (película)

El postre: (El negocio) dicen que la profesión más antiguo del mundo es la prostitución, cosa que  no creo, pero si algo sé es que en esta historia este noble y vetusto negocio es tratado como tal, un paraíso fiscal, el “Océano azul*” del mercadeo con gusto a mujer, o más bien a tres mujeres brasileras.

Se recomienda acompañar con una cerveza (serie)

*Océano azul: en el mercadeo es un área del público en general que no está explorado.